El método Miss Lucy – Un Caso Extra-Ordinadrio

Montessori QuoteCuando hablo con mis amigos profesores que trabajan en clases ‘de verdad’ en los colegios de Madrid, siempre hay comentarios sobre como a algunos niños les cueste más que a otros adaptarse a la disciplina escolar que se pretende y se enseña dentro de nuestras aulas. Muchas veces cuando les sugiero algunas estrategias para mejorar la situación, que obviamente implican pensar y actuar de forma especifica sobre el comportamiento del niño, me miran desesperados añadiendo ‘sí claro, además de todo lo que tengo que hacer!’

Por un lado les entiendo, porque está claro que no es lo mismo tener 10-12 alumnos por clase, como yo tengo en las mas, que tener 25/30, pero por el otro lado les recuerdo también que sin un ambiente tranquilo y disciplinado, los procesos de aprendizaje y de enseñanza, a la larga, llegan a costar más trabajo y estrés para todos.

Es por eso que por un lado prefiero mis clases, porque si se presenta un niño con problemas de disciplina es más fácil ayudarle. Y esto es exactamente lo que os voy a contar hoy, porque me hace mucha ilusión.

En noviembre se apuntaron a mis clases dos hermanos de 5 años que por problemas disciplinares no les dejan ir juntos a ninguna actividad y, en algunas, ni se les deja apuntar.

Uno de los dos tiene apodo ‘Mister No’ porque solo sabe decir que ‘no’. Y es de esos niños que si no obtienen lo que quieren se tiran al suelo, lloran, gritan o si ya se encuentran en clase no hacen nada de lo que se les pide, tiran sillas, rompen cosas para llamar la atención.

Nada fácil de manejar, porque además no tiene el sentido del castigo, es decir que pasa absolutamente de todo reproche.

Nunca lo he comentado pero yo soy muy fan del método Montessori, cuyo primer principio afirma que observar el comportamiento del niño sirve para conocer su naturaleza psíquica y de ahí se puede construir una estrategia para ayudarle en su desarrollo.

Y fue el mismo ‘Mister No’ que me dio la clave para que se portara bien en clase y empezar a aprender inglés además de ser aceptado por los demás niños.

Os lo cuento porque también aprendí yo mi clase, otra vez: nunca hay que tener prejuicios con los niños. Siempre te saben sorprender positivamente por cuanto estén etiquetados de ‘malos’.

Entonces, Mister No se estaba portando fatal en clase cuando casi a la hora de irnos se me cayeron unas cartas con la que estábamos jugando. Mister No cogió una, y yo pensé inmediatamente que la iba a romper como hizo anteriormente con la tarea que no quería hacer, pero no se la quité. Mantuve cierto self-control, y en vez le dije: ‘ok, let’s put it in the Toy Box’ y el niño no sólo la puso en la caja, más bien empezó a recoger todas las otras cartas también.

En ese mismo momento se me ocurrió preguntarle si eso de poner las cosas en orden era algo que le gustaba hacer. Y él dijo que ‘Sí!’ (!!!!)  Así, también se me ocurríó preguntarle si a caso le interesaba ser mi ayudante para siempre 🙂

Y dijo que ‘Sí!’ (!!!!!) Entonces empecé a explicarle cuál iban a ser sus tareas a partir de la de poner a todos los niños en una fila diciendo ‘line up!’. Y él encantado. Luego él mismísimo sugirió que una vez llegados a la puerta negra que hay antes de salir al patio él dijera ‘Stop!’ Teniendo en cuenta que las otras clases siempre sólo había intentado escaparse a la hora de salir, me pareció increíble verle parar una vez llegado a esa puerta, estando yo al final de la fila.

Pues… el viernes pasado le pregunté si quería seguir siendo mi asistente y con mucho entusiasmo se puso primero en la fila y rapidamente llevó a todos sus compañeros a clase (las veces anteriores lloraba y se tiraba al suelo porque no quería ir). En la clase me ayudó a poner las sillas en círculo, se quedó a jugar con nosotros (practicando el inglés), me ayudó a distribuir las fichas y las pinturas, hizo la tarea él también y hasta llegó a recibir una canica en regalo.

Los demás niños le decían ‘qué bien te estás portando’ y al final de la clase le dieron un aplauso.

Fue genial! Y lo quiero repetir: nunca hay que tener prejuicios con los niños. Siempre tienen algo bueno y somos los adultos los que tenemos que reconocerlo y utilizarlo para su bien.

Cuesta esfuerzo? Sí, mucho.

Paciencia? Más.

Pero te pueden dar la felicidad! 😀

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P.D. A los que estén tentados en pensar ‘eso es un clásico, al niño malo se le pone de asistente’ os dejo con esta reflexión: Mister No tiene un gemelo (misma edad, misma casa, misma educación) que también se porta fatal (en las otras clases, no en la mia, of course) y con el que tengo que usar una estrategia diferente para que siga en clase, porque eso de ayudarme no le convence para nada 😉

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